méxico | 12 de Septiembre de 2017

En la imagen, la brigada de rescatistas de Centroamérica que llegaron en ayuda de las víctimas en distintos municipios de Oaxaca. Foto /Cortesía de Ernesto Castañeda

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Redacción Sin Fronteras

Ciudad de México, 12 de septiembre.- La madrugada del pasado viernes, entre gritos de angustia y llamados de socorro de gente atrapada entre escombros, un grupo de casi 50 migrantes de Centroamérica decidió salir de su albergue para tratar de salvar al mayor número de víctimas del peor terremoto en la historia de Oaxaca:

“El terremoto nos había despertado y no lográbamos conciliar el sueño. Las versiones de gente atrapada, que nos transmitieron los muchachos que llegaron al albergue desde Juchitán, nos animó y nos organizamos de inmediato para salir en una brigada de auxilio”, aseguró Ernesto Castañeda, activista del albergue “Nuestros Hermanos en el Camino” fundado por el padre, Alejandro Solalinde.

“Eran las 2 de la madrugada. Y sólo teníamos dos palas. No teníamos ni gasolina para movernos en la camioneta del albergue. Así es que salimos caminando, porque los muchachos querían ayudar”, añadió Castañeda al recordar el inicio de unos trabajos que han hecho de esta brigada de migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua los ángeles de una comunidad que hoy les vive agradecidos.

“Fuimos de los primeros en llegar a Ixtepec, a Juchitán y a otros municipios. Como en Unión de Hidalgo, donde seguimos trabajando. Hemos participado en labores de desescombro, de rescate de cuerpos (lo mismo de muertos que gente con vida) y hoy ya actuamos coordinados por el ejército, la marina y voluntarios que han llegado desde distintos países y desde la Ciudad de México”, añade Castañeda.

La labor de salvar vidas de este improvisado grupo de rescatistas, algunos de los cuales estaban de paso por México en su viaje a Estados Unidos, se ha beneficiado de la tregua ordenada por el Instituto Nacional de Migración para suspender las detenciones de migrantes:

“No nos han molestado. Al contrario, nos estamos coordinando con miembros del ejército que nos han proporcionado palas para seguir con nuestro trabajo de desescombro y rescate”, añadió Castañeda en una conversación telefónica con La Jornada.

“Al principio nos veían con desconfianza. Ya sabe que a los migrantes nos tienen muy estigmatizados. Nos tienen miedo y algunos nos rechazan. Pero, luego, conforme pasaron las horas y vieron como trabajábamos y les ayudábamos, las cosas comenzaron a cambiar.

“Nos veían cansados, llenos de polvo. Nos vieron como quitábamos escombro y rescatábamos gente. Así terminaron por confiar en nosotros”, añadió Castañeda.

Lo irónico de esta historia es que, este grupo de migrantes rescatistas, fueron los primeros en llegar a municipios como el de Unión Hidalgo, uno de los más infames en el historial de rechazo, maltrato, robos y racismo hacia los migrantes:

“Fuimos los primeros en llegar a Unión Hidalgo. No había nadie que les ayudara. Había varias familias atrapadas en sus viviendas. Los ayudamos durante varias horas. No nos importó que en ese municipio nos asalten a cada rato a los migrantes. Nos dedicamos a ayudar, sin importar el pasado”, aseguró Castañeda.

Entre los miembros de esta brigada, resalta la historia de Wilson Alonso, un migrante de 24 años de Honduras. A este improvisado rescatista le tocó la suerte de encontrar el oro que una familia atesoraba y que representaba el último recurso después de que la casa de la familia se derrumbó:

“Mientras limpiábamos y retirábamos escombros nos encontramos joyas de oro. Como medallas, cadenas, pulseras y monedas. Le dije a mi compañero. Nosotros somos honrados. Esta gente lo ha perdido todo. Y así fue que le dijimos a la señora que habíamos encontrado su dinero y sus joyas. Estaba llorando. Nos quedó muy agradecida”, relató Wilson quien ha pensado quedarse un tiempo en México antes de proseguir su viaje rumbo a Estados Unidos.

“Aquí en México hay gente que me ha tratado bien. Pero también quien se ha portado muy mal conmigo. Pero eso no importa en momentos como éste. Y hoy la gente me trata muy bien porque ven que todos nosotros les ayudamos”, añadió.

Desde que el terremoto removió las entrañas del sureste mexicano, este grupo de migrantes no han tenido descanso. Todos los días, inician su labor desde las 7 de la mañana hasta que anochece.

Conforme han pasado los días, han visto la llegada del ejército y la marina. Lo mismo de cuadrillas de voluntarios que han llegado desde la Ciudad de México o Guadalajara. Pero también de países como España.

“Y esta ayuda se antoja poca. Porque hay mucha gente que necesita ayuda. Y nosotros ayudamos en lo que podemos. Queremos aportar nuestro granito de arena. Gracias a Dios podemos ser útiles a esta gente que lo ha perdido todo”, añadió Wilson.