mundo | 14 de Noviembre de 2017

La semana pasada circulaban versiones de que los próximos en caer serían el ex asesor de Seguridad Nacional del presidente, Michael Flynn, y su hijo por sus intercambios ocultados con oficiales rusos Foto Facebook Casa Blanca

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David Brooks, corresponsal La Jornada

Nueva York, 14 de noviembre.- El procurador general solicitó que fiscales federales evaluaran el deseo del presidente Donald Trump de investigar penalmente a sus opositores políticos, mientras que la investigación federal sobre Trump y sus aliados, incluyendo el propio fiscal general, procede cada vez más acercándose a él y su familia, y a la vez, el liderazgo republicano ─distraído por un escándalo sexual─ intenta ofrecer miles de millones en reducciones de impuestos para los más ricos e intentar, una vez más, desmantelar la reforma de salud, y, a la vez, el ocupante de la Casa Blanca sigue rompiendo récords sobre el número de mentiras y “no verdades” que emite.

El lunes el procurador general Jeff Sessions (quien encabeza el Departamento de Justicia) ordenó a fiscales federales evaluar si hay suficiente mérito en varias acusaciones contra Hillary Clinton para contemplar nombrar un fiscal especial para encabezar una investigación, aparentemente obedeciendo a su jefe y ex amigo Trump. Desde la campaña electoral, Trump ha llamado por la persecución judicial de Clinton, provocando el coro de “encarcélenla” en todos sus eventos públicos. Pero eso fue como un político en una contienda, y pedir lo mismo como presidente es muy diferente y, si procede violaría normas respetadas desde los tiempos de Watergate donde los presidentes evitan usar sus fuerzas de seguridad y la fiscalía federal contra sus opositores políticos.

El deseo presidencial apareció en un tuit a casi las cuatro de la madrugada el 3 de noviembre donde Trump escribió “todos están preguntando porque el Departamento de Justicia (y la FBI) no están examinando a toda la deshonestidad que está sucediendo con la Chueca Hillary y los dems”, en referencia a Clinton y los demócratas.

Su llamado para investigar a Clinton y los demócratas provoco críticas de que Trump estaba comportándose como un político de una “republica bananera” donde los políticos que asumen el poder atacan y hasta encarcelan a sus opositores.

Claro que mucho de esto es en respuesta a la creciente y persistente investigación en curso sobre los socios de Trump y la mano rusa en las elecciones encabezada por el fiscal especial Robert Mueller, la cual ya ha generado acusaciones formales contrates integrantes de su campaña (incluyendo quien era el jefe de esa campaña), y que sigue generando paranoia en la Casa Blanca. Se informa extraoficialmente que varios integrantes activos de la Casa Blanca ya fueron o serán interrogados en estos días.

La semana pasada circulaban versiones de que los próximos en caer serían el ex asesor de Seguridad Nacional del presidente, Michael Flynn, y su hijo, no sólo por sus intercambios ocultados con oficiales rusos sobre los cuales después mintió, sino también por lavado de dinero y ahora un supuesto complot para secuestrar a un clérigo opositor del presidente Recep Tayyip Erdogan, de Turquía, que vive en Estados Unidos y entregarlo a su régimen a cambio de unos 15 millones de dólares (no estamos inventando este guión).

A la vez, el enfoque oficial de la cúpula poltiica en Washington es la muy traqueteada tarea de impulsar lo que se llama una “reforma fiscal” que en los hechos busca regalar una reducción de impuestos de hasta un billón de dólares sobre empresas, balanceando ese déficit de ingreso a las arcas federales con recortes de una multitud de programas sociales, y, hoy, incluyendo otro intento de revertir la reforma de salud de Barack Obama.

Pero la oposición a los muy elevados costos sociales sigue poniendo estas “reformas” en duda. De hecho, las consecuencias potenciales de tal voto podría llevar hasta la posible perdida de su mayoría en las elecciones legislativos del próximo año. No ayuda que de repente un escándalo sexual de un casi senador ultra-cristiano republicano está incrementando ese riesgo.

El juez Roy Moore, el candidato republicano en la elección especial para sustituir el curul que anteriormente ocupaba Sessions en la cámara alta federal que se celebrara en diciembre de repente ha puesto en jaque a su partido. Acusado ahora por 5 mujeres de acoso y asalto sexual cuando eran adolescentes ─dos de ellas menores de edad─ cuando él tenia más de 30 años y era fiscal distrital, el liderazgo republicano del Congreso ha llamado a que se retire de la contienda con el líder del Senado Mitch McConnell diciendo algo casi milagroso: “yo le creo a las mujeres”. Hoy el partido nacional formalmente le retiró el apoyo.

Pero Moore y sus defensores, entre ellos el ex jefe de estrategia de Trump, Steve Bannon, y comentaristas derechistas, acusan que todo esto es sólo una faena política promovida por los medios y los demócratas y más aún parte de la guerra de la cúpula republicana contra los verdaderos representantes del pueblo ─o sea, la línea trumpista.

Más asombroso aún han sido los argumentos de sus defensores, incluyendo el de un funcionario estatal que citó la Biblia para rescatarlo de la acusación más grave ─de sexualmente abusar de una joven de 14 años de edad─ explicando que la virgen María era una adolescente cuando el “carpintero adulto” José se junto con ella para “volverse padres de Jesús”.

Moore ya era una figura controvertida que en dos ocasiones fue suspendido como el juez jefe de la Suprema Corte estatal de Alabama por no acatar ordenes de jueces superiores rehusando en una instancia quitar un monumento a los Diez Mandamientos frente de un edificio judicial y en otra por ordenar a otros jueces a ignorar el fallo de la Suprema Corte sobre matrimonios gay, negándoles ese derecho. Todo a nombre de los “valores cristianos”.

Lo último que desea el liderazgo republicano al proceder a las elecciones intermedias en el 2018 tratando de defender su control del Senado con alguien tachado de pederasta entre sus filas.

Hablando de la verdad, el Washington Post reportó este martes que, según cálculos de su proyecto de contabilizar y documentar cada afirmación falsa o engañosa de Trump, el promedio ahora alcanzo 5.5 declaraciones no verídicas por día. Esto se ha acelerado en los últimos 35 días, donde el promedio se incrementó a 9 diarias. El total hasta la fecha desde que llegó a la presidencia es de mil 628 declaraciones falsas o engañosas en 298 días.

Por otro lado, el domingo el New York Times se vio obligado a publicar un editorial titulado “Presidente Trump, por favor lea la Constitución”, señalando la ignorancia y hasta desdén del mandatario por el documento que todo presidente jura defender. Recuerda que esto es alarmante cuando el mandatario no parece respetar el principio de la separación de poderes y las garantías de la Carta de Derechos, aunque a veces se vuelve chistoso como cuando declaró ante unos senadores de su partido de que deseaba proteger el “Artículo XII” ─el cual no existe. “A lo largo de su candidatura y su presidencia, el Sr. Trump ha tratado a la Constitución menos como una luz guía que un estorbo inconveniente”, afirma.

No es fácil reportar sobre un manicomio, sobre todo cuando insiste que no lo es.

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